martes, agosto 14, 2007

BARACK OBAMA, EL REBELDE

Es absolutamente cierto, tal como aseveran los analistas, que el candidato por el Partido Demócrata de Estados Unidos, Barack Obama –situado algo más atrás que Hillary Clinton en la carrera por vencer las primarias de ese partido-, en el supuesto caso de ser electo presidente el próximo año, representaría un elemento de giro insospechado en la política internacional del país más poderoso del mundo, cuyos matices, con leves variaciones, han seguido permanentemente una línea maestra prescrita semejantemente tanto por republicanos como por demócratas.
Y esto porque, abiertamente, a partir de su formación, del grado de aprehensión y análisis de los conflictos en que se debate su nación, abre Obama, paralelamente, un abanico de propuestas estratégicas e inteligentes, y sin limitaciones, en las relaciones internacionales de Estados Unidos, que inclusive podría llegar a convocar, globalmente, a todos los ejes en conflicto con ese país, que no son pocos (un lamentable legado que el presidente Bush dejará a su sucesor). Así, en lo que concierne a América Latina, ha subrayado hace poco, en un debate televisivo con su fuerte rival, Hillary Clinton, su propósito de sostener reuniones, desde el comienzo de su gestión presidencial, con líderes como Hugo Chávez, Evo Morales o Daniel Ortega (incluso manifestó en dicha contienda política que uno de sus viajes prioritarios sería a Bolivia), y reconstruir alianzas ineludibles con países clave de la región, tales como Brasil, Argentina y Chile, discontinuadas a pesar de su extrema importancia.
Si Barack Obama aplicara esta fórmula, a todas luces inspirada en el hecho de que “... ha menguado la influencia de Estados Unidos en el mundo...” -y que tácticamente debe recuperarse-, plantearía una filosofía conciliatoria en el plano internacional que a todo pulmón exige el pueblo estadounidense, abatido a estas alturas por los yerros internos del actual gobernante, y por una especie de delirio guerrero que a éste lo embarga y mantiene en vilo a su población y al mundo entero. Tal política de integración y acercamiento internacionales que sustenta este joven y naciente político, hijo de inmigrante negro africano y de una mujer blanca de Kansas, fue acremente criticada en el debate organizado por CNN y YouTube, pues, luego de que se inclinara a favor de reunirse con los principales estadistas de América del Sur, respondió afirmativamente ante la pregunta de si estaría dispuesto, sin condiciones previas y durante el primer año de su mandato, a sentarse en una mesa de diálogo con los jefes de Estado de Irán, Siria, Cuba y Corea del Norte. Como se podrá advertir este hombre propugna objetivos de largo alcance, frescos, enérgicos y sin ambages. Educado en Hawai, y graduado en Harvard, ha comprendido, a raíz de su prolongada estadía en Indonesia, la justa medida del significado de subdesarrollo, al extremo de asegurar que "nuestras oportunidades de expandir el comercio con América Latina son extraordinarias, pero debemos estar seguros de que los acuerdos comerciales reflejen los intereses de nuestros trabajadores, y no sólo el de las corporaciones"; o que "el TLC con México es un buen ejemplo: hizo aumentar las ganancias de las empresas de Estados Unidos y de las de México, pero las consecuencias para los agricultores mexicanos no fueron de ningún modo buenas".
Con esta óptica, y antes de anunciar su aspiración a la presidencia, se lanzó a campañas de trabajo social en comunidades marginales de Chicago. A partir de allí, emprendió una carrera política vigorosa, brillante y ascendente que lo llevó a ser senador. Ahora, acicateado por millones de seguidores, pretende llegar a la presidencia, lo que, de lograrlo, sería, sin la menor duda, el que con mayor nitidez pueda vincular vivamente su programa de gobierno con los planes políticos, sociales y económicos de los Estados denominados tercermundistas. ®

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